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miércoles, mayo 12, 2021
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Somos iguales, pero únicos

Los últimos gobiernos nacionales han incurrido en una reiterada vulneración de los principios de igualdad de derechos y obligaciones, así como de ignorar que cada individuo es único. Algunos directamente han discriminado a la oposición política, otros han privilegiado a sus partidarios, amigos y parientes con un descarado nepotismo, y hasta se ha advertido con no vacunar contra el coronavirus a todos, porque algunos son considerados «oligarcas». Con mucha frecuencia las autoridades pasan por alto el mandato constitucional que determina el deber de gobernar para todos por igual, es decir que el Presidente, gobernadores, alcaldes y otros altos funcionarios, deben trabajar para todos los ciudadanos, sin discriminaciones.

Lamentablemente, en pleno siglo XXI todavía algunas tendencias arbitrarias desconocen los principios naturales de todo ciudadano, pese a que existe consciencia y permanente reclamo sobre la igualdad de derechos y oportunidades desde la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que, en sus dos primeros artículos, define nítidamente este concepto. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados de razón y conciencia… Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole; origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

La Constitución Política del Estado también protege a todos por igual. Además, todas las normas sobre derechos humanos proclaman que no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración, u otra limitación de soberanía. Los territorios indígenas tienen, a su vez, otras prerrogativas. Lamentablemente, pese a esta base adoptada por todos los pueblos del planeta, todavía se dan muestras de discriminación por raza, sexo, género, edad, color de piel, orientación sexual, origen, cultura, nacionalidad, lengua, religión, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición social o económica, ocupación, grado de instrucción, discapacidad, y otras formas de calificación y hasta de segregación.

Desde una perspectiva espiritual algunas religiones -menos el islam- afirman que todos somos iguales, pero individualmente, somos unidades y esencias, con sus propias peculiaridades. Asimismo, desde la perspectiva de los psicólogos, cada persona es única en su forma de ser, por lo tanto, mantiene su individualidad a lo largo de su existencia. Desde una perspectiva sociocultural, existen grupos que comparten aspectos comunes, pero cada individuo es único dentro su grupo social o en su expresión cultural. Hay personas que se distinguen por su fortaleza física, otras por su inteligencia, muchas por sus manifestaciones en el arte, artesanía, la capacidad creadora, etc. Esta realidad nos da una idea clara de que cada ser humano es único y capaz de desarrollar potencialidades que en algunos casos se incorporaron en su naturaleza genética, y otros se desarrollaron por el medio en el que desplegaron sus aptitudes. Para comprender mejor la cualidad de ser único, se tiene una de las herramientas más valiosas que es la tolerancia, que es un acto de fe en el valor intrínseco de cada ser viviente, en el propósito de la vida.

La tolerancia significa aceptar que no hay una sola respuesta, sino muchas a las interrogantes que más nos interesan. Esto implica vivir en la aceptación del otro, pese a las diferencias que tengamos, pero al mismo tiempo, significa respetar esas diferencias. La tolerancia es un acto de respeto a los otros, a su forma de pensar y de interpretar los hechos. Solamente así, se puede exigir, a la vez, que se respeten nuestras ideas y forma de vida. No es necesario estar de acuerdo con el pensamiento y forma de actuar de los demás, el discrepar es también un derecho, pero con solo aceptar que existen otras formas de comprender las situaciones, se logran pasos agigantados para hacer realidad un modo de vida que evite la violencia, permita el entendimiento y hacer que la igualdad en la diversidad sea una realidad. Por todos estos principios es necesario comprender que todos somos iguales ante la ley, que tenemos los mismos derechos, prerrogativas y obligaciones, pero que individualmente somos únicos, distintos en potencialidades y muy especiales.

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