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domingo, octubre 24, 2021
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Un año conviviendo con un virus que las vacunas no deben hacernos subestimar

Las narrativas sobre el origen del coronavirus SARS-CoV-2 se han superpuesto y cambiado en el año transcurrido desde que se conoció su existencia, pero el misterio persiste y la mayor certeza es que la esperanza que ofrecen las vacunas no debe llevar al error de subestimar al virus.

El último día de 2019, la oficina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en China se fijó en una declaración aparecida en el sitio web de la Comisión Municipal de Salud de Wuhan informando de una neumonía viral detectada en la ciudad y trasladó la información a instancias superiores.

Al día siguiente la OMS pidió al Gobierno chino información y empezó activar las alarmas. Dos días después recibió confirmación de los casos observados y de su causa desconocida, una información que difundió en todos sus detalles el 5 de enero a través de un sistema al que tienen acceso sus 194 países miembros.

El origen del virus

Esos intercambios fueron el inicio de lo que muy rápidamente se convertiría en la pandemia de covid-19, enfermedad causada por un coronavirus cuyo origen y forma de transmisión al ser humano todavía son objeto de hipótesis.

Lo que se afirma al respecto en realidad son especulaciones, incluida la que dice que el virus fue fabricado en el Instituto de Virología de Wuhan, de donde habría escapado o, peor, habría sido liberado intencionalmente, lo que los científicos que han estudiado esta cuestión de cerca han descartado.

Uno de ellos es David Robertson, responsable de bioinformática en el Centro de Investigación de Virus del Centro Glasgow (Reino Unido), quien ha explicado que «si el virus hubiese sido fabricado, esto se vería en su genoma».

«Además, si se quisiera crear un coronavirus que puede ser transmitido por humanos, seguramente se empezaría con el primer SARS que hubo, pero el SARS-CoV-2 no se parece a nada que hayamos visto antes», sostiene.

Robertson añade que el coronavirus causante de la covid-19 es cercano a un coronavirus beta que se investigaba en el Instituto de Wuhan, pero con el que comparte «solo el 96 % de su secuencia genética, lo que los hace tan similares como los seres humanos y los chimpancés. Esto apunta a un ancestro común más que a uno que ha salido del otro».

«Toda la evidencia sugiere que el virus tiene un origen animal natural y que no sido manipulado ni construido», comenta a Efe el portavoz de la OMS, Tarik Jasarevic.

Saber dónde empezó todo es importante

Para echar luz sobre dónde y cómo se originó todo, un equipo formado por diez científicos de distintos países y creado por la OMS efectuará en enero una misión de investigación epidemiológica en China.

«Entender cómo empezó la epidemia es esencial para prevenir la introducción de nuevos virus en el futuro. Potencialmente también podría ayudar al desarrollo de tratamientos y vacunas», señala el documento que detalla los términos de referencia de la misión y que fue aprobado por ambas partes a finales de julio.

A pesar de ello concretar la misión ha sido más difícil de lo esperado por razones que la OMS prefiere no exponer en detalle para asegurarse la colaboración de China, sin la cual entender dónde empezó la pandemia sería imposible.

Durante meses se ha sospechado que el mercado de Wuhan, en el que se vendían animales salvajes vivos, fue el lugar de donde partió el nuevo coronavirus, pero tras largas reflexiones los expertos ahora reconocen que hay dudas y recuerdan que «donde inicialmente se detecta una epidemia no refleja necesariamente donde comenzó».

Se cree que el virus puede haber estado circulando silenciosamente, probablemente ya desde octubre del año pasado, en China y que el mercado de Wuhan fue un amplificador.

El rol de los animales

Las investigaciones apuntan como punto de partida los murciélagos, de los cuales hay 1.4000 especies y que pueden ser potencialmente infectados por 3.200 coronavirus, lo que ya indica la dificultad de llegar al origen exacto de la pandemia.

Es muy probable que haya existido un intermediario entre el murciélago y el ser humano, y si hace meses se apuntaba con insistencia al pangolín, ahora también hay dudas al respecto, sobre todo tras comprobarse que el coronavirus puede infectar a animales que tienen cercanía con el ser humano, incluyendo algunos de compañía (gatos o perros) y otros criados para la reproducción (visones).

«Todavía es muy pronto para descartar la transmisión directa entre el murciélago y el humano», en opinión de Robertson.

Degradación del hábitat como factor de riesgo

La pandemia ha permitido sacar a luz información científica que demuestra que preservar los hábitats naturales reduce el riesgo de enfermedades procedentes de animales salvajes.

La revista Nature ha publicado un artículo que asevera que los ecosistemas sobreexplotados por el ser humano contienen abundancia y variedad de animales que llevan patógenos y parásitos capaces de infectar a las personas.

«Hay un universo entero de microorganismos y virus y nosotros quizás conocemos 1 o 2 % de ellos. Necesitamos saber dónde están estos patógenos, estudiarlos y catalogarlos», dice David Morens, un asesor del director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.

La misión que la OMS enviará a China espera aportar parte de este conocimiento, que Morens considera urgente recopilar.

«Si hay una lección del covid-19 es que solo unas pocas mutaciones nos separan de un virus pandémico», insiste Morents, citado en un artículo de la revista científica The Lancet.

Un virus probablemente endémico

La búsqueda del origen del SARS-CoV-2 coincidirá con una parte de los países abocados a vacunar a sus poblaciones con la esperanza de poner la pandemia bajo control en algunos meses, un resultado sobre el cual algunos científicos tienen serias dudas.

La OMS también se mantiene prudente y ha pedido a los gobiernos que hagan lo mismo y no generen expectativas tales que hagan creer a la gente que las medidas de prevención pronto serán innecesarias.

Incluso si las vacunas se administran masivamente en los próximos seis meses, «extinguir el virus tomará más tiempo», en opinión del director de The Lancet, el médico Richard Horton.

El experto -quien lleva todo el año revisando y decidiendo qué investigaciones sobre la covid-19 se publican en una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo, afirma que «tomará años llegar a una inmunidad colectiva para un virus que tienen una tasa de reproducción de 2,5».

Ello significa que cada infectado transmite el virus a 2,5 personas.

Según sus cálculos, para acabar con el covid-19 se requeriría que el 60 % de la población mundial sea inmune, y con vacunas que tienen una eficacia en torno al 90 %, ese primer porcentaje tendría que ser en realidad del 67 %.

«No hay que subestimar este desafío, esto tomará años, no meses», ha dicho Horton en un podcast de The Lancet.

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