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lunes, junio 17, 2024
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Un cóctel escandaloso

El gobierno ha caído en una red de escándalos, carencias, insuficiencias y errores que están complicando la gobernanza, mientras la anticipada campaña política en la que corre el MAS con sus dos caudillos enfrentados entre sí, distrae los esfuerzos para buscar soluciones a problemas de fondo que se van ahondando sin que se avizoren medidas responsables para atender la realidad que el país vive, muy alejada de los quehaceres de los Órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, mientras el Electoral sólo aparece como un apéndice circunstancial. La conflictividad se acentúa y la paciencia de los sectores sociales, incluidos los que apoyaron al gobierno son cada vez más contestatarios. Mientras tanto los problemas se agudizan y las soluciones no aparecen.

La crisis económica es real para el pueblo y el país, en cambio para el gobierno solo es una cuestión «transicional»; no hay dólares, las divisas que sirven de sustento a la economía, ya no existen. Continúa bajando la producción de gas, y los bancos ya no aceptan la moneda nacional para depositar en cuentas con dólares; escasea el diésel, se inventan formas para no vender gasolina; las deudas por las compras de combustibles del exterior crecen, tampoco se paga a los productores de etanol para mezclar con gasolina; el fantasma de un cambio en las subvenciones se encuentra más visible, los precios suben, y las importaciones bajan lo mismo que las exportaciones, entre otros indicadores preocupantes.

A ello se suman los escándalos de corrupción que han superado todos los límites de desvergüenza, mientras la impunidad asquea a toda la comunidad. Parece que las autoridades no se han dado cuenta que hay dos temas que son prioritarios para la ciudadanía: sus bolsillos y la seguridad. Ya es grande su preocupación por la economía y el arrebato por la quiebra del Banco Fassil, a lo que se suma la inseguridad con reiterados atracos violentos, ejecuciones con apariencia de «arreglo de cuentas», feminicidios y aumento del narcotráfico.

Como una cortina de humo providencial, se destapó el escándalo de los casos de pederastas dentro de la Iglesia Católica, que desvió la atención de la población. El gobierno aprovecha la indignación general para volcar sus ataques a la Iglesia, y amenazas a los colegios e instituciones de la curia, sin darse cuenta que, una cosa es la torcida actitud de algunos curas, y otra la misión que cumple la Iglesia, con la que la mayoría del pueblo boliviano está identificado.

Para desasosiego del gobierno, otro escándalo se abre con la muerte del Interventor del Banco Fassil, Carlos Alberto Colodro López, rodeada de misterio, dudas y susceptibilidad. La Policía abrió la investigación y mantiene abiertas diferentes hipótesis. Sin embargo, el abogado de la familia, Jorge Valda, confirmó que la víctima recibió amenazas, que estaba muy presionado y que dudan que se haya suicidado. «No podemos asumir una posición simplista de que habría sido un suicidio», declaró el abogado.

El hecho ha retrotraído otros casos como la muerte del «testigo protegido», Felipe Sandy Rivero dentro del proceso sobre presuntas coimas en la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC). Sandy denunció el caso el año pasado con el apoyo del diputado oficialista Héctor Arce, pero antes exigió garantías y las autoridades del Ministerio Público le otorgaron el estatus de testigo protegido. Sin embargo, recibió amenazas y tuvo que salir del país en busca de refugio en Estados Unidos. Murió en enero pasado, pero antes grabó un video donde detalla su denuncia de coimas por la construcción de una carretera.

Otro caso que quedó en la penumbra fue la muerte del abogado Christopher Balcázar Jiménez, que defendía al gobernador Camacho. Fue hallado muerto en la zona de Urbarí en Santa Cruz. Presuntamente cayó desde el piso 11 del edificio donde vivía. Puede tratarse de hechos casuales que coinciden en una situación en la que la susceptibilidad gana terreno. Es necesario comprender que cuando los hechos quedan sin respuestas coherentes, toman su lugar los prejuicios y gana espacio la suspicacia, acicateada en la coyuntura actual por la rivalidad política que no mide consecuencias. La situación se ha constituido en un propicio caldo de cultivo para un cóctel político, económico y ético adosado por los escándalos con los que se sacude a la población.

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