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lunes, mayo 16, 2022
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Un desfile de niños estrena el título de patrimonio del Gran Poder

Pequeños danzarines como el ágil Ezequiel, de 4 años, estrenaron este domingo el título de Patrimonio de la Humanidad del Gran Poder, la mayor festividad folclórica de La Paz, con un minidesfile de danzas que emuló a la también conocida como «Fiesta mayor de los Andes».

Menores de todas las edades y tamaños, algunos en brazos o en cochecito, otros dando sus primeros pasos y muchos más valiéndose por sí mismos, aunque bajo la vigilante mirada de sus padres, participaron en la «Mini Entrada 2022» del Gran Poder que organizan las fraternidades de esa festividad con motivo del Día del Niño en Bolivia.

El desfile folclórico se desarrolló en la populosa zona Gran Poder, en el noroeste de la ciudad, y recorrió algunas calles desde el puente Abaroa hasta la plaza en honor al Señor Jesús del Gran Poder, el patrono de la fiesta, pasando frente al templo dedicado a esa imagen.

Esta fiesta en pequeño se efectúa desde hace quince años para que los hijos de los fraternos conozcan desde chicos la devoción por el Señor del Gran Poder, explicó a Efe la presidenta de la fraternidad «Morenada X del Gran Poder», Hortensia Chambi.

«Hoy día estamos haciendo por el Día del Niño y para que podamos hacer conocer a nuestros niños a nuestro Señor del Gran Poder», comentó.

También se busca que los pequeños conozcan sobre el folclore boliviano y que dancen «con la misma fe y devoción» con que lo harán los adultos en la festividad mayor, prevista para el próximo 11 de junio.

Pequeños protagonistas

El minidesfile fue liderado por la fraternidad «Waka Tokoris Aymaras de Bolivia», que interpretó esa danza que es una sátira de las corridas de toros popularizadas en el altiplano boliviano desde la colonia.

Las niñas iban vestidas como lecheras y algunos niños iban con el traje típico de los toros del waka tokori, mientras que otros eran kusillos, los alegres personajes andinos que se parecen a los arlequines o bufones europeos y que bailan a su propio ritmo con ágiles piruetas.

Uno de los kusillos era Ezequiel, que a sus 4 años bailaba y saltaba a la par de los niños más grandes, animado por su mamá desde lejos.

Luego fue el turno de las agrupaciones que interpretaron la morenada, la danza emblemática del Gran Poder que es la preferida por los aimaras porque les permite exhibir su poder económico en lujosas máscaras, trajes, vestidos y joyas.

Las protagonistas fueron «minicholitas» vestidas con elegantes polleras, blusas y mantas, además del tradicional bombín y el cabello recogido en dos trenzas como las aimaras bolivianas.

Junto a ellas bailaron pequeños «morenos», como se llama a los personajes de los hombres en la morenada, que avanzaron con el típico paso lento y acompasado de esa danza boliviana al ritmo de las matracas.

No faltó el tink’u, un enérgico baile que recrea un ritual preincaico del mismo nombre que consiste en una lucha cuerpo a cuerpo entre hombres y mujeres.

La fiesta mayor

El Gran Poder nació a principios del siglo pasado con fiestas indígenas en barrios populosos de La Paz, pero se convirtió en un desfile folclórico y masivo alrededor de 1940.

En la fiesta, que normalmente se celebra a fines de mayo o principios de junio, participan decenas de miles de bailarines que recorren unos ocho kilómetros desde el barrio Garita de Lima, en el noroeste de la ciudad, hasta el centro de La Paz, en devoción del Señor Jesús del Gran Poder.

La celebración volverá a las calles este año luego de dos en pausa por la pandemia de la covid-19 y estrenará por fin su inscripción como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad lograda a fines de 2019.

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