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martes, septiembre 28, 2021
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Urge preservar la paz y la armonía

La violencia ha dado miles de ejemplos de sus desastrosas consecuencias. Nadie en su sano juicio debería alentar hechos cuya efusión se salga de control. Pero la realidad muestra que el terrorismo, el crimen, los excesos de fuerza y las agresiones están presentes en casi todas las sociedades. Las causas son muchas, pero las peores formas de violencia en el mundo se originan en el fanatismo político y religioso. En América Latina, el radicalismo ideológico y el narcotráfico son responsables de escaladas de violencia que han cegado muchas vidas, y generado enfrentamientos fratricidas.

El radicalismo hace que se enfrenten posiciones de manera irreconciliable. El dogmatismo es la antítesis de la democracia que es un sistema cuyos principios hacen posible que se abran caminos a soluciones pacíficas para las discrepancias. El diálogo, la tolerancia y la comprensión permiten el entendimiento. Conforme avanza el siglo XXI, se perfeccionan también los recursos democráticos y se consolida el ejercicio de derechos, garantías y libertades, para los ciudadanos. Es cada vez más amplio el camino de la esperanza porque los radicalismos y fundamentalismos no solamente se atenúen, sino que den paso a la tolerancia y respeto por las ideas y creencias ajenas. La comunidad global avanza en esa dirección y parece que su marcha es incontenible, pese a que todavía existen algunos factores que perturban la paz y la armonía.

Los Derechos Humanos son cada vez más amplios y mejor comprendidos. En nuestro país, la Constitución Política establece que el Estado respeta y garantiza la democracia y preserva los derechos fundamentales de los bolivianos, así como define a nuestro país como un «Estado pacifista que promueve la cultura de la paz…» Lastimosamente a veces surgen situaciones que ponen en riesgo estos enunciados y alteran las bases de estos principios. Hace algunos años, el desaparecido gobernante venezolano, Hugo Chávez, amenazó con “vietnamizar” a Bolivia si se pretendía sacar del gobierno a Evo Morales.

Haciendo eco de semejante propósito, en plena crisis actual y cuando los ánimos están exaltados, el Ministro de la Presidencia Ramón de la Quintana lanzó una desafortunada y precipitada advertencia, imposible de comprender. Dijo que «el país se convertirá en un campo de batalla, un Vietnam», según una publicación de la agencia rusa «Sputnik», reproducida por varios medios de comunicación. Anteriormente el presidente Evo Morales anunció un cerco a las ciudades. A ello se suman posiciones radicales de alguna gente movilizada tanto del oficialismo como de la oposición que trasuntan una actitud hostil regional y racista.

Asimismo, los mensajes de lucha por la defensa de la democracia, por el respeto a la Constitución Política del Estado y las leyes; por el respeto al voto ciudadano y en resumen por el derecho de un pueblo a preservar su libertad y soberanía, que lograron unir a gran parte del país, comenzaron a sufrir desviaciones con algunas demostraciones de animadversión torpe que distorsionan los sanos principios que han unido a la ciudadanía en la causa democrática de Bolivia.

Es verdad que duelen los abusos del poder, los excesos policiales, la burla en las urnas o el descontrol de grupos exaltados, pero la diferencia de actitud precisamente radica en la capacidad de demostrar que el pueblo no se identifica con los excesos, y que puede demostrar su disgusto de otra manera. Siempre van a aparecer factores que siembran la violencia, pero mucho dependerá de la forma como se responda. Es posible superar la hostilidad demostrando firmeza y decisión, enarbolando la bandera del derecho, la justicia y la ley sobre la prepotencia, para preservar la paz y la concordia.

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