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sábado, mayo 21, 2022
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Urgentes previsiones para casos de escasez

Los temores por que la guerra de ocupación que inició Rusia desencadene distorsiones en los mercados y afecte la economía global ya se hicieron realidad, y Bolivia, no podía ser la excepción, y comenzó a sentir las repercusiones, situación que preocupa especialmente a la ciudadanía por el riesgo en la subida de precios, y al sector productor por las alteraciones en los insumos y el mercado. El gobierno considera que tiene controlada la situación, pero los analistas prevén un futuro incierto por la debilidad de la economía nacional. La misma preocupación tiene el Fondo Monetario Internacional (FMI), que mediante un comunicado, advirtió que la guerra ya está haciendo subir los precios de la energía y los cereales, y que las perspectivas están sujetas a una extraordinaria incertidumbre, las consecuencias económicas ya son muy graves, afirma el organismo internacional.

También hizo referencia a que la guerra ha lanzado una ola de más de un millón de refugiados ucranianos que llegaron a los países vecinos, y que la decisión de invadir a Ucrania ha desencadenaba sanciones económicas sin precedentes contra Rusia. «La guerra en curso y las sanciones asociadas también tendrán un grave impacto en la economía mundial», advirtió, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, señalando que la crisis está creando un impacto adverso en la inflación y la actividad económica en un momento en que las presiones sobre los precios ya son elevadas.

El organismo indicó que las perturbaciones de los precios se sentirán en todo el mundo y que las autoridades deberán prestar apoyo fiscal a los hogares pobres, para los que los alimentos y el combustible constituyen una proporción mayor de los gastos, añadiendo que los daños económicos aumentarán si la guerra se intensifica. Explicó que las amplias sanciones impuestas a Rusia por Estados Unidos, los países europeos y otras naciones también tendrán «un impacto sustancial en la economía mundial y los mercados financieros, con importantes repercusiones en otros países».

En Bolivia hasta el momento los efectos no se sienten entre la ciudadanía, ya que los precios en general se mantienen, inclusive ha bajado el precio del kilo de pollo, que es un alimento ampliamente consumido. En este momento hay una sobreproducción, pero ¿cuánto tiempo podrán sostenerse los avicultores que necesitan importar los insumos para sus actividades? Tarde o temprano llegarán esos insumos pero a precios que el mercado distorsionado defina. Otro de los riesgos para el país, representan la harina y el trigo, ya que Bolivia importa casi la totalidad de los requerimientos. Inicialmente los panificadores se declararon en emergencia porque el precio de la harina de trigo subió, el gobierno, tranquilizó a ese sector asegurando que la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa), cuenta con suficiente stock y que mantendrá el precio subvencionado. Según la agencia estatal de noticias ABI los panificadores tienen un convenio para mantener el precio del pan de batalla.

Pero, el incremento del costo de la harina es global, y también ha subido ya en los países vecinos. En nuestro país también ha subido y hay escasez en los mercados tradicionales. Los especuladores comenzaron a esconder el producto, felizmente, en la mayoría de los supermercados todavía se encuentra sin variación importante del precio. Los panaderos y las fábricas de pastas, fideos y otros productos de la enorme variación que utilizan harina como principal ingrediente, están adquiriendo el producto a mayor precio, y naturalmente eso elevará sus costos. Uno de los proveedores de harina al mercado nacional es Argentina, que de acuerdo a informes de prensa, elevó su precio un 70%. Otros productos que dispararon sus precios han sido el maíz y la soya.

La bolsa de Chicago, referencia para el mercado latinoamericano, llegó a señalar la tonelada de maíz a 297.93 dólares, mientras que el trigo alcanzó los 495.26 dólares. La situación no está para desdeñar las recomendaciones de los organismos internacionales ni omitir medidas de previsión, ya que la crisis es una realidad. La preocupación es mayor si se toma en cuenta la poca inclinación de las autoridades nacionales a adoptar medidas de previsión. Nuestro país se ha acostumbrado a echar el grito al cielo solamente cuando los males ya están encima. Ojalá que esta vez se analice la situación con seriedad y se asuman las determinaciones apropiadas para evitar un desabastecimiento. El gobierno ya debió hacer compras de los principales insumos, y no quedar rezagados como en el caso de las vacunas. La pandemia ha ocasionado un desfase que hasta ahora no se soluciona en los puertos con los barcos cargados de contenedores esperando ser despachados. Hay meses de atraso en los más grandes puertos del mundo.

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