Diálogo que pueda tender puentes de armonía

La complicada realidad que vive el pueblo requiere de inteligencia para gobernar, prudencia para actuar, madurez para reclamar y tolerancia de todos para escuchar las demandas, las explicaciones y las alternativas.

Asimismo, necesita de buena voluntad para valorar las posiciones y buscar soluciones. La herramienta más valiosa es el diálogo, que en Bolivia ha estado ausente durante los últimos 14 años, en los que se impuso la decisión vertical del poder. La democracia exige muchas veces agotar todos los esfuerzos de negociación y persuasión para encontrar salidas aceptables, que seguramente no colmarán las expectativas de todos, pero que puede abrir espacios y tender puentes de armonía.

Desgraciadamente los mecanismos políticos y de agenda social de los últimos tiempos han estado marcadas por el autoritarismo, impuesto desde el MAS, y aceptado militantemente por un grupo de dirigentes de algunas organizaciones sociales. Para nadie es secreto el pago, estipendios, que hacen lo políticos para llevar gente a las marchas, bloqueos y concentraciones partidarias.

Durante todo este tiempo se olvidó la cultura del diálogo y hasta se devaluó la voluntad mediadora de la Iglesia, o la participación de instituciones «facilitadoras», que a fines del siglo pasado permitieron encontrar salidas de consenso a temas conflictivos. Luego del fracaso del dialogo convocado por separado por el gobierno y el Tribunal Electoral, al presente se abre una posibilidad -por iniciativa de la Iglesia Católica, la Unión Europea (UE) y las Naciones Unidas, que llamaron al diálogo e iniciaron contactos- para instalar la mesa de negociaciones.

Ya hubo una primera reunión de coordinación. La Iglesia confirmó los contactos y dijo que se está convocando al Gobierno, al Órgano Legislativo, al Tribunal Supremo Electoral, a la Central Obrera Bolivia, y a dirigentes de partidos políticos y otros representantes. Mediante comunicado la Iglesia Católica hizo un llamado a los dirigentes y a los movilizados para no poner en peligro la vida de los ciudadanos, sirviendo a consignas políticas.

Sergio Choque, de la Cámara de Diputados, sugirió que el diálogo se realice con los mismos «garantes» que facilitaron acuerdos en noviembre pasado. El representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell desde Bruselas, Bélgica, envió un mensaje llamando al dialogo. «Insto a todas las partes a dejar de lado sus diferencias y comprometerse con una solución que resuelva tanto las preocupaciones relacionadas con el coronavirus como el derecho de las personas a votar».

Por otra parte, los dirigentes políticos de los frentes que participarán en las próximas elecciones, anunciaron que concurrirán al diálogo. Sin duda es un avance, pero en el camino está un nuevo sector que obedece a un exdirigente de la CSUTCB, que tiene otra visión y sus perspectivas se dirigen a lograr el Poder para los aimaras.

Lo grave son los grupos armados que se identificaron como militantes de la sigla que lleva como candidato a Luis Arce que se dijo ser de clase media. Hicieron apariciones esporádicas mostrando armamento moderno y su consigna de exigir la renuncia de Jeanine Áñez, o la «guerra civil».

Frente a ese panorama, los «garantes», tienen en la mesa un conflicto que tiende a agudizarse y en el que el tiempo es un problema tan duro como los gestores de las movilizaciones, que son los proveedores del dinero y las incitativas de violencia, aunque nunca están en las barricadas ni en las negociaciones, actúan desde las sombras intentando perturbar cualquier línea de acción armonizadora. Pese a ello, la única vía posible es el dialogo, que, en democracia, significa poder intercambiar ideas, respetar las posiciones de los demás, explicar la posición propia con argumentos y razonamientos, y aportar con soluciones.

Ojalá todos los participantes tengan la voluntad política y la capacidad racional para proyectar soluciones en bien del país, y de los ciudadanos, y logren alejar la inclinación por mezquinas ventajas sectarias partidistas. Para ello se requiere madurez política que permita aportar a la construcción democrática. El diálogo es una herramienta valiosa, constructiva e inspiradora, pero muchas veces, en manos de los radicales se convierte en «duólogo», que el filósofo Raimon Panikkar definía como «un intercambio de monólogos entre dos o varias personas».

Está demostrado, en la historia de Bolivia, que los grupos anarquistas no siempre pueden mantener su protesta y manifestaciones de violencia porque los dineros que reciben se les acaba y la reacción del pueblo es contundente, mucho más cuando se trata de mantener y consolidar el sistema democrático.