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sábado, septiembre 18, 2021
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El país necesita claridad

Guido Pizarroso Durán

La mentira o las verdades a medias perturban la claridad que requiere el país, que es indispensable para la búsqueda de un destino de esperanza, de realidades y de metas posibles.

Ya el pueblo boliviano se encuentra sumido en los recovecos del proceso electoral que ofrece todo el cumulo de experiencias, recursos; prematura propaganda directa e indirecta, así como los vicios y golpes bajos que son utilizados tradicionalmente. Aunque hablamos de cambio en realidad se ve más de lo mismo en un escenario en el que se repiten los errores por más duros que hubiesen sido y se intenta convencer a la gente de que el adversario es malo, antes de demostrar lo bueno que se tiene u ofrece. Lamentablemente es una realidad que, en diferentes momentos de la vida política del país, especialmente durante los prolegómenos electorales, se hace escarnio con la verdad y solamente se muestra aquello que es útil para hundir al oponente, aunque en nada beneficie personalmente.

Las necesidades del país, los sentimientos del pueblo, los objetivos nacionales o la verdad pasan a segundo plano pese a que la ciudadanía requiere conocer la realidad y no las apariencias y eufemismos. Daría la impresión que se considera que la ciudadanía carece de capacidad para discernir la verdad de la mentira, la sinceridad del engaño, y que se puede impunemente esconder la realidad. Abraham Lincoln dejó una frase que es apropiada para este caso: «Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.»

El anterior régimen que manejo los asuntos de Bolivia, vivió esta realidad y debiera ser motivo de reflexión en este momento, Pero lejos de ello, se cae en los mismos errores. Pero el pueblo no es tonto y siempre tiene una cuerda bien templada que es su voluntad y decisión. Puede ser tolerante algún tiempo, puede esperar respuestas otro lapso, pero en algún momento se tensará tanto la situación que los desenlaces serán imprevisibles, como lo fueron por el abuso y la prepotencia del gobierno del MAS. La ciudadanía se da cuenta del engaño y tolera hasta cierto grado el cálculo político y hasta puede dibujar una sonrisa frente a una constante que se traduce en cambiar el concepto de la verdad, y evitar la transparencia, y esconder las verdaderas intenciones con discursos y arengas. Pero todo tiene un límite.

El significado de la palabra verdad abarca desde la honestidad, la buena fe y la sinceridad; la conformidad de lo que se dice con lo que se siente o piensa. El ciudadano percibe el engaño y se da perfecta cuenta que algo no está de acuerdo con las cosas, los hechos y la realidad. El término verdad no tiene una definición única en la que estén de acuerdo la mayoría de estudiosos, pero sí tiene una columna vertebral que es la honestidad. Pero en la política criolla boliviana, la verdad ha sido degradada, manoseada y convertida en un eufemismo de la apariencia, y más aún en la actual coyuntura de la relación de los diferentes factores que intervienen en la política nacional, donde la verdad ha sido la víctima propicia para el engaño. La mentira o las verdades a medias perturban la claridad que requiere el país, y que es indispensable para la búsqueda de un destino de esperanza, de realidades, y de metas posibles.

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