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martes, mayo 21, 2024
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Las cholitas luchadoras vuelan sobre los cuadriláteros en un singular espectáculo en El Alto

Entre una nube de humo aparece ante el público la luchadora Mariposa Misteriosa, con una máscara y un atuendo multicolor saluda a los niños y adultos que cada domingo asisten al espectáculo de lucha libre en el Teleférico Rojo de la ciudad de El Alto, en donde las cholitas voladoras son el atractivo principal.

Las cholitas hacen equipo ante dos luchadores enmascarados, el Hijo del Diablo y el Preso. Estos son los villanos de la tarde. Con trampas y ayuda del árbitro, golpean y lastiman a las heroínas Mariposa Misteriosa y Gloria.

Tras varias estratagemas de los luchadores enmascarados, que incluso arrojaron refresco de cola sobre las cholitas, y con un público enardecido apoyando a las peleadoras, estas terminan con la victoria, no sin antes arrojarse desde la tercera cuerda del cuadrilátero contra sus rivales ante el deleite y terror de los espectadores.

A la modesta arena asisten unas doscientas personas, algunas sentadas en sillas de plástico y otras en una tribuna de tablas temblorosas de madera, este se encuentra en la estación del Teleférico Rojo Jach’a Qhathu, a unos 4.100 metros de altura sobre el nivel del mar.

Pero la altura no impide a los asistentes gritar injurias o vítores de apoyo a los luchadores, mientras comen algodones de azúcar variopintos.

El presentador, acomodado a un lado del cuadrilátero, narra todos los trucos de los antagonistas. Tras una serie de injusticias, las cholitas en casi todas las peleas se recuperan en la parte final y resultan victoriosas.

Chola o cholita es la identidad de muchas mujeres en Bolivia, que utilizan pollera, falda ancha, manta y sombrero. Sin embargo, también es una serie de características de autenticidad y empoderamiento.

Amadas por los turistas

Aunque el espectáculo es ampliamente promocionado para turistas, muchos aficionados bolivianos asisten a las luchas con ahínco.

«¡Vamos Mariposa!, tú puedes», grita una niña de unos 10 años antes de que la luchadora Gloria se arroje desde la tercera cuerda hacia sus dos contrincantes, que la reciben malamente, cayendo en una avalancha humana que pone al público de pie.

En las primeras filas frente al cuadrilátero decenas de turistas europeos observan boquiabiertos, y algunos se toman la cabeza con las dos manos ante los temerarios movimientos de las cholitas luchadoras.

Los «machetazos» al pecho con la palma extendida, contra lonas, llaves de rendición y hasta silletazos en la cabeza son parte del arsenal utilizado por las luchadoras.

El movimiento que más reacciones genera en la concurrencia es la patada voladora doble, en donde la falda de la vestimenta de cholita se extiende como abanico, mientras la luchadora salta y asesta un golpe con los dos pies en el pecho del rival.

Heroínas

Antes de iniciar la segunda pelea de la tarde, una de las tablas de la tribuna cede dejando a gran parte del público de pie. Mientras la organización repara el daño decenas de niños y niñas corren al cuadrilátero para tomarse fotografías con sus heroínas, entre ellas Susana la Bonita, Silvana la Poderosa y Celia la Simpática.

Mariposa Misteriosa toma a las niñas y las coloca sobres sus hombros mientras los padres hacen el retrato con sus teléfonos móviles. Durante 10 minutos los pequeños no permiten que la pelea continúe ante la insistencia de estar cerca de sus heroínas.

La lucha libre de espectáculo empezó a desarrollarse en Bolivia a finales de la década de 1960, por la popularidad de los luchadores mexicanos como ‘El Santo’ o ‘Blue Demon’, y la llegada de sus películas a Sudamérica. Sin embargo, el auge de la lucha femenina en Bolivia, en especial la las cholitas comenzó a popularizarse hace un par de décadas atrás.

Después de pasar por circuitos menos populares, las cholitas luchadoras son reconocidas entre los aficionados y una de las exhibiciones obligatorias para los turistas que viajan al departamento de La Paz.

Al final de las refriegas, con una cartelera que puede tener de 8 a 10 peleas, la mayoría de turistas se retiran con una sonrisa, dando por bien invertidos los menos de 10 dólares (50 bolivianos) que pagaron por la entrada.

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