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miércoles, mayo 18, 2022
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Pactando con el agresor

Bolivia recuerda hoy el heroico sacrificio de un centenar de ciudadanos bolivianos que defendieron Antofagasta frente a la invasión chilena en 1879. El grito de Abaroa resuena hoy más fuerte que nunca, rechazando la intimidación y mandando a los chilenos a «que se rienda su abuela». La interjección en el puente del Topater sobre el río Loa, hace que los bolivianos ratifiquen su demanda de lograr que se restituya la salida al mar, pese a las equivocaciones, dubitaciones, fracasos y transgresiones de los gobernantes, que hasta ahora no comprenden el significado que el mar representa para Bolivia. Lamentablemente las autoridades se alejan cada vez más del sentimiento nacional y buscan pactar con el agresor pasando por encima de la voluntad y las convicciones de la ciudadanía.

Se ha anunciado que los actuales gobiernos de Bolivia y Chile pretenden restablecer relaciones diplomáticas. Esto significaría cerrar definitivamente la causa marítima, y transgredir el mandato de la Constitución Política del Estado aprobada por el pueblo boliviano en un referendo. De acuerdo a publicaciones de prensa, se estaría encaminando un acuerdo que solamente está negociando una agenda pragmática de cinco puntos para tratar temas administrativos, económicos y fronterizos. Para eso no es necesario restablecer relaciones diplomáticas, como tampoco lo es para hacer que se respeten los tratados internacionales. Lamentablemente, por afinidades políticas se pretende postergar un principio nacional, como se lo hizo también en La Haya, donde se mal defendieron los derechos de nuestro país.

Recordemos que el juez de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) Abdulqawi Ahmed Yusuf, después de haberse leído la sentencia que señala que Chile no está obligada a negociar con Bolivia una salida al mar, explicaba que «La CIJ no recibió documentación complementaria de Bolivia para fundamentar algunas solicitudes», y que la CIJ tampoco identificó ningún acuerdo que imponga a Chile la obligación de negociar en el marco de la declaración de Algarve del año 2000. La ausencia de documentación para sustentar un argumento denota dejadez, descoordinación y fallas de fondo. Sobre la agenda de 13 puntos la CIJ se limitó a decir que «la sola mención de la cuestión marítima no puede dar lugar a una obligación de negociar».

Sin duda, lo que ocurrió en La Haya ha sido un duro golpe para nuestro país, debido a que se equivocaron rutas legales y se politizó la demanda. Los argumentos expuestos por los abogados y la misión boliviana de nada sirvieron al estar enfocados en hechos subjetivos, dejando sobreentendido el fondo del problema que es el Tratado de 1904, por el que Chile se apoderó de 120.000 km2 de territorio boliviano -incluyendo 400 km de costa-. Al término de la guerra Bolivia tuvo que firmar un Tratado ominoso bajo la amenaza bélica.

El gobierno actual parece ignorar la forma como Chile se jactó de ganar también en la contienda legal que alejó las posibilidades de una solución al problema marítimo. Lo que decía después del fallo el representante chileno es muy elocuente: «Este no es solo un triunfo para Chile, es un triunfo para el derecho internacional. Como alguien que se ha dedicado al derecho internacional, les puedo decir que este es un gran triunfo. La CIJ ha señalado con gran claridad que se debe hacer distinción entre la política y el derecho», afirmó el agente chileno ante La Haya. El tribunal dio su veredicto final afirmando que «La Corte por 12 votos contra 3, concluye que la República de Chile no contrajo la obligación de negociar un acceso soberano al Océano Pacífico para el Estado Plurinacional de Bolivia», sostuvo el presidente de la Corte, Abdulaqawi Ahmed Yasuf. Lamentablemente se equivocó el camino entonces y ahora se vuelve a caer en los errores de creer en la amistad chilena, confirmando el hecho de que la política exterior de Bolivia no acierta en nada. La improvisación, los intereses sectoriales o personales y la politiquería se anteponen a los valores, principios, soberanía y derechos del país, así como a las normas diplomáticas. Se prefiere el olvido a la reivindicación que ha sido una constante de la posición del pueblo boliviano hasta el siglo pasado. Lamentablemente, desde hace 15 años son otros los intereses que priman en la política exterior y la defensa del patrimonio nacional.

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