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domingo, abril 14, 2024
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Significado del Día del Padre

Más que regalos o festejos, los padres merecen en su Día que la familia valore el aporte al sostenimiento del hogar, como como pilar que permite cimentar el respeto como conducta de vida, respeto a la ley, a las normas de convivencia, a la autoridad, a las personas mayores, y a las bases morales. Uno de los días más celebrados en todo el mundo, independientemente de países y culturas es el Día del Padre, cuyo significado trasciende al núcleo familiar, porque representa la autoridad que se siembra en el hogar y se refleja en la sociedad. Se celebra el 19 de marzo en los países de tradición católica tanto en Europa como en Latinoamérica, por coincidir con el Día de San José, padre terrenal de Jesús.

En nuestro país hoy se celebran varias festividades, como el Día de los carpinteros y Día Internacional del Hombre (DIH), que fue instaurado en 1999 en Trinidad y Tobago, luego adscribieron Bolivia, y una veintena de países. Sus objetivos son abordar temas de salud de los varones, resaltar el rol positivo y sus contribuciones que hacen diariamente a la sociedad, promover la igualdad de género e incentivar modelos masculinos positivos; celebrar las contribuciones de los hombres a la sociedad, comunidad, familia, matrimonio, cuidado de niños y el medio ambiente.

También se celebra a los trabajadores en radio y televisión, que con su diario trabajo de informar y orientar contribuyen a que la sociedad tome mejores decisiones. Hoy tienen además un gran desafío, que es el de cultivar la información responsable, frente a los desbordes de algunas redes sociales. Pero sin duda, entre todos estos recordatorios, el Día del Padre lleva una significación que trasciende. Efectivamente, puede decirse que el papá, así como la mamá, son pilares en el hogar. El padre representa la autoridad y la disciplina, así como la madre es el emblema del amor, sacrificio y ternura. Juntos dan el marco y esencia a la familia

La relación de intimidad única que se da en el seno de una familia, permite efectivas interrelaciones personales de afecto, ayuda, orientación, soporte, confianza, y especialmente, la práctica de valores y virtudes, gracias al amor filial que tiene el poder de brindar un gran impulso de energía, que se traduce en la capacidad de que la familia pueda sobreponerse a las más grandes dificultades. Los pilares para sostener esta relación son la madre y el padre que tienen la responsabilidad filial de sembrar en la familia la práctica de conductas, direcciones y guías para la vida en la sociedad.

Uno de los deberes de los padres modernos es estar alerta sobre una serie de riesgos familiares, ya que, en la actualidad, a pesar de los mejores niveles de formación profesional que pudiesen existir, las familias están expuestas y afectadas por influencias sociales negativas propias de la modernidad y los cambios socio culturales, como la carencia de ideales claros de vida, dificultades de convivencia, ruptura del matrimonio, etc. Pero es en el seno de la familia donde el verdadero padre debe constituirse en el paradigma edificante, que pueda dar la energía para salir adelante.

Son, asimismo, padre y madre quienes están en mejores condiciones, a causa de su cariño desinteresado, de conseguir el crecimiento en autonomía de sus hijos y, por tanto, conducir hacia la madurez, dando las condiciones para un crecimiento en libertad y responsabilidad, que solamente es posible de manera armónica, cuando la familia soporta las decisiones personales, con su mezcla de aciertos y errores.

Son los padres quienes, como consecuencia de su estilo de vida, relaciones, conversaciones, juicios, etc., van creando una cultura familiar que se traduce e influye en la sociedad, ya sea por conductas positivas o costumbres perniciosas. Esa relación familia sociedad es clave en todo el proceso de maduración de la persona, de tal manera que muchos de los referentes en la toma de decisiones de las personas adultas se basan en actitudes y valores adquiridos en los primeros años de vida. Suele decirse que en una familia todos educan y son educados. El padre no debe dar la espalda a nadie de su familia. Está obligado a conciliar el trabajo y sacrificio para sostener al núcleo hogareño con amor, y a veces con rigor, al momento de constituirse en el modelo que la familia vea con respeto. El fruto de esa relación, indefectiblemente, se verá en la sociedad.

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