Sin velatorios ni funerales

Enfermos rechazados en los centros médicos, hospitales colmados de pacientes, millonarios cobros en clínicas privadas, gente moribunda en los hogares, cadáveres que permanecen en los domicilios, dificultades para conseguir certificados de defunción; entierros clandestinos, fosas comunes, impedimentos para que los familiares asistan y acompañen a un enfermo en un centro médico, imposibilidad de asistencia religiosa, resignación a entierros solitarios, sin velatorio ni funerales. Esto que parece el relato de una película de terror, desgraciadamente es una realidad que están viviendo miles de familias bolivianas.

Nadie podía imaginarse al comenzar el año que la muerte rondaría los hogares, que el temor de contagio del coronavirus separaría a familias, amigos, y conocidos; que muchos perderían sus ingresos, se cerrarían negocios y mucha gente quedaría sin empleo. Ni siquiera se podía concebir el aislamiento al que ha obligado el coronavirus y mucho menos prevenir la crisis económica que golpea a casi todos. ¿Cómo se podría aceptar que gente extraña se haga cargo de los restos mortales de alguien entrañable? Desgraciadamente la gente se ha visto en la necesidad de ceder ante situaciones imposibles de remediar, y cuando alguien se rebela y decide arriesgarse para acompañar a un ser querido en su sufrimiento, lo hace a sabiendas de que las consecuencias pueden ser fatales. Otros son persuadidos de aceptar la realidad, comprender los riesgos y dejar que los hechos se consuman. Los datos oficiales de la secuela del COVID-19 son aterradores. El último informe ya confirma más de dos mil contagios diarios, y los que saben del tema, afirman que en realidad son muchos más porque los casos registrados son los que oficialmente se establecieron, y que en todo el país ya llegaron a los 60 mil contagios.

Un estudio de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud estableció que Bolivia registra una tasa de letalidad de coronavirus de 4,2% al día. Esto significa en promedio 50 fallecidos por día, según el informe de la semana anterior. «La tasa de letalidad acumulada en Bolivia es de 3,7 por cada 100 enfermos. Pando alcanza un 7,9%, Cochabamba (7,4), Oruro (6.6) y Beni (5.5). En el departamento de La Paz en promedio fallecen de 6 a 8 personas al día, con una tasa de letalidad de 2%. Hasta el último informe, los decesos registrados por coronavirus ya pasan de los dos mil en todo el país.

La crisis del coronavirus ha colocado a las familias en un escenario desconocido en el que para desenvolverse se requiere de ayuda, en busca de una mejor comprensión y adaptación a la nueva realidad. Aleteia, es una organización de información dependiente de la Iglesia Católica, y ofrece orientación y asistencia. En un mensaje, explica que una de las situaciones que nadie podía haber previsto es la de perder a seres queridos de forma tan inesperada. Y a ese dolor se añade el de no poder despedirse. «Por razones de salud, en los hospitales no está permitido el contacto con los enfermos (ni siquiera moribundos) para no exponerse al contagio. En el caso de fallecimiento, estos días tampoco se autoriza la celebración de funerales con la asistencia de familiares. Se procede a la incineración del cadáver y a los enterramientos no debe acudir la familia ni los amigos porque no se pueden celebrar reuniones de ningún tipo. Esto está produciendo un inmenso dolor en miles de personas». Añade que muchos son los que han perdido a seres queridos en estos momentos y, al dolor por el fallecimiento, se añade ahora el de no haberse podido despedir: no haber podido hablar con esa persona querida en los últimos momentos, no estar junto a los familiares en el velatorio ni en el entierro, no poder darse un abrazo entre hermanos, familiares, amigos…

Esta situación puede tener consecuencias para el estado de ánimo y el equilibrio emocional, Por ello, sugiere algunas acciones, entre ellas, que «es indispensable que haya una ceremonia de despedida, y que se haga inmediatamente, para no arrastrar el dolor. Si no ha sido posible el velatorio ni el funeral, hacer una ceremonia personal o mínimamente familiar en el caso de que haya varias personas en una misma casa aislada, incluso que se pueda hacer por video llamada y así puedan unirse los más íntimos».