Alerta en tiempos de conflictos

La sensatez parece haberse extraviado en nuestro país, que no termina de salir de una complicación y tiene que enfrentar otros riesgos. Parece verdad que muchas veces el sentido común queda descarriado en nuestra cotidiana y conflictiva vida, y se da vía libre a actos irresponsables sin medir las consecuencias. El asedio a las instalaciones de combustibles altamente inflamables en Senkata, o el atentado que se perpetró en un gasoducto en Cochabamba, representan actitudes que pueden derivar en una tragedia de proporciones dramáticas. Los depósitos de gas, gasolina y diésel de la ciudad de El Alto se encuentran en un lugar que antes era rural, pero hoy es un barrio alteño donde habita mucha gente.

Según el gobierno interino grupos afines al MAS cercaron esa planta de carburantes en actitud de mucho riesgo y exhortó a los movilizados a «mantener la racionalidad para evitar enfrentamientos y fatalidades entre bolivianos» y convocó al diálogo. Por el riesgo que representa el cerco a las instalaciones, las Fuerzas Armadas desplegaron un operativo para «evitar cualquier tipo de ataque o toma de la Planta».

Recordemos que el martes pasado esas instalaciones sufrieron un ataque con explosivos derribando parte de los muros perimetrales, después que con resguardo militar se logró sacar de la planta más de 30 camiones cisterna con gasolina y diésel para abastecer a la ciudad de El Alto y a la sede de gobierno. Los grupos movilizados reaccionaron atacando la planta, derribaron los muros y una pasarela y lograron quemar algunos vehículos que estaban en los terrenos de la planta de YPFB. Los policías y militares que resguardaban las instalaciones controlaron la situación con un lamentable saldo de varios muertos y heridos, entre los civiles. Este lamentable desenlace, doloroso por la pérdida de vidas, pudo convertirse en una tragedia aún mayor si el fuego y las explosiones de dinamita alcanzaban algún punto inflamable.

Vale la pena recordar que hace poco, concretamente en enero de este año, hubo un desastre en México, que ocasionó la muerte de 132 personas, entre las víctimas había muchos niños, por la explosión de un oleoducto saboteado en el municipio de Tlahuelilpan, en el Estado de Hidalgo. Se explicó que el Ejército mejicano intentó frenar a las personas que querían apropiarse del combustible, pero se vieron superados por la multitud. La prensa mejicana describió cuadros impresionantes de la explosión. «Mucha gente corría con el pelo y la ropa quemándose, pidiendo a gritos que los ayudaran; también vimos personas calcinadas», ha relatado Eruviel Cerón, familiar de uno de los heridos que acudió al lugar tras la explosión, según informó el diario «La Jornada».

Nunca nos cansaremos de recordar a las autoridades, y a la ciudadanía de la necesidad de actuar en el marco de la sensatez pese a las tensiones y las difíciles pruebas que muchas veces nos presenta la vida. Los accidentes, los desastres naturales o los efectos de la imprudencia pueden desencadenar grandes desgracias. Es necesario estar prevenidos frente a eventualidades, pero también es responsabilidad de todos asumir una disposición y actitud coherente, para evitar que suceda algo negativo. La prevención busca minimizar riesgos de diferente origen, y su mejor aliada es la prudencia. El objetivo de prevenir es lograr que un perjuicio eventual no se concrete. Popularmente se dice que «es mejor prevenir que lamentar». Es necesario adelantarse a los acontecimientos y adoptar medidas defensivas frente a eventualidades de diverso orden. Los mecanismos de seguridad del Estado, en la actual coyuntura tienen que estar más alertas que nunca para proteger a la comunidad, inclusive de sus propios excesos e imprudencias, especialmente, si hay riesgo de sabotaje o atentados.