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sábado, abril 10, 2021
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Bolivia necesita de gobernantes que inspiren confianza

Que con energía y comprensión combata la demagogia populista. El país ha ingresado a la recta final rumbo a las elecciones que se realizarán el próximo mes, concretamente el 18 de octubre. A un mes y días de los comicios, la mayor parte de los ciudadanos tiene sus razones para decidir por quién votará, basándose en sus convicciones, simpatías, dudas, decepciones, y tal vez en sus esperanzas, pero pocos podrán afirmar que tienen confianza en el partido, los candidatos, o las ofertas electorales.

La confianza es la principal ausente en estos comicios en los que se impone la actitud y la animosidad, por encima de la certidumbre.

Solamente los candidatos a Presidente, tienen una amplia cobertura informativa, y la propaganda hace énfasis en la cabeza de la fórmula, de manera que «vices» senadores y diputados pasan inadvertidos, a tercer o cuarto plano, no se sabe quiénes son y qué méritos tienen. En esas condiciones, ¿se puede tener confianza en los candidatos o sus ofertas?

El grado de confianza de la gente en los políticos en nuestro país es artificial. A fuerza de engaños, corrupción, fracasos, y equivocaciones han perdido la voluntad de elegir.

Solamente la convicción y necesidad de buscar un cambio mueve a la gente a participar y decidir por el mal menor. Los políticos sembraron esa falta de confianza con una permanente falsedad en sus actuaciones.

El BID, a través de IDEA, auspició un estudio sobre «El papel de la confianza en la elusiva búsqueda del crecimiento económico», elaborado por los analistas Carlos Scartascini y Joanna Valle, trabajo que es pertinente para lo que ocurre en nuestro país en esta crucial coyuntura política y social. Los autores señalan que «la confianza, por supuesto, es primordial en estos tiempos difíciles en los que la economía, la salud y la vida de las personas están en juego debido a la Covid-19. La transparencia de los gobiernos y la eficacia de sus medidas para controlar la pandemia están siendo puestas a prueba».

Los autores consideran que la confianza que pueda alentar un gobierno, una corriente política y hasta una persona, es la columna vertebral de cualquier política de Estado. La región latinoamericana se enfrenta a una de las crisis económicas más graves de su historia, por lo que los formuladores de políticas se están planteando qué deben hacer para reactivar el crecimiento económico, una vez que pase la crisis derivada de la pandemia de Covid-19. Puntualizan que «Un elemento que necesita urgentemente más atención es la enorme y crónica falta de confianza que existe en la región, no solo entre los ciudadanos y las instituciones gubernamentales, sino entre los ciudadanos entre sí. La confianza es el eje de cualquier sistema económico eficiente. Facilita las transacciones entre individuos, empresas y gobiernos; impulsa la inversión y la innovación; permite la formulación de políticas eficaces; y genera un mayor crecimiento».

Pero, lamentablemente, se ha visto una disminución de la confianza en la región. Lograr encontrar formas de restaurarla, que pueden ir desde mejorar la transparencia empresarial y gubernamental hasta crear oportunidades de interacción ciudadana, podría marcar una enorme diferencia para ayudar a la región a salir de su actual estancamiento y embarcarse en un largo período de crecimiento sostenido. Para que las economías crezcan, se debe impulsar la acumulación de factores de producción (capital y trabajo) y utilizar esos insumos de manera más eficiente a fin de aumentar la productividad total de los factores.

El estudio señala también que los individuos y las empresas solo asumirán riesgos y aumentarán su actividad económica si creen que hacerlo les resultará rentable, y si no, temen a la expropiación, ya sea de sus inversiones o de sus beneficios. Además, para dar este paso necesitan tener acceso a los mercados financieros, y el crédito solo puede crecer cuando los bancos pueden recuperar sus préstamos y las personas tienen libre acceso a sus ahorros.

En resumen, los autores afirman que la falta de confianza es un problema crónico que ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos, generando alzas en los costos de las transacciones, impidiendo que los recursos fluyan a lugares de uso más eficientes, y reduciendo la actividad económica. En el caso de nuestro país, devolver la confianza a los ciudadanos es una tarea muy complicada, porque significa lograr una transformación en las instituciones y la gente, de manera que los políticos piensen en el país antes que en sus bolsillos y sus intereses; que se erradique la corrupción en la administración del Estado, y entre otras iniciativas, que se trabaje tanto en los hogares como en las escuelas, colegios y universidades para formar nuevas generaciones que tengan horizontes más amplios, diferentes paradigmas y objetivos e ideales superiores.

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