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miércoles, junio 23, 2021
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Contrastes y desigualdades de la educación en tiempos de covid-19

La educación durante la pandemia se ha convertido en un desafío en Bolivia por las carencias y contrastes del modelo a distancia, mientras que en el campo se ha optado labores semipresenciales con relativas medidas de bioseguridad ante las limitaciones de conectividad.

El año escolar comenzó en febrero con el peso de una gestión anterior con muchos tropiezos como la suspensión de clases presenciales en marzo y la clausura anticipada del año escolar en agosto de 2020.

Un celular para siete hijos

Noemí Andrade debe «ingeniárselas» para que seis de sus siete hijos pasen clases compartiendo el único celular en casa, sin contar con el drama de conectarse a internet.

Cuando puede destina un monto para comprar pequeños paquetes de internet diarios atesorando los megas para las tareas de los chicos y cuando no la única salida es que sus hijos hagan las tareas en la puerta de su casa donde se pueden conectar de forma intermitente al wifi de uno de sus vecinos.

Ella decidió priorizar las materias más importantes y establecer turnos entre los seis hermanos para pasar clases y hacer las tareas en las dos únicas habitaciones de su casa situada en un barrio marginal de La Paz, según contó a Efe.

Antes de la pandemia, Noemí vendía café en los partidos de fútbol, ahora lava ropa para hacer frente a estos nuevos gastos y sintió «una gran ayuda» cuando su familia fue beneficiada con una portátil y una tableta a través de la campaña de Henry.

Manitos Sucias es el nombre de una campaña dirigida por Henry Vargas que consiguió la donación de más de un centenar de dispositivos a familias de bajos recursos económicos para que varios niños no abandonaran sus estudios, relató a Efe.

Otras formas para estudiar

Carla trabaja en un kiosco de dulces junto a su hija Hanan, que cursa segundo de primaria, y contó a Efe que también debe hacer de profesora mientras vende.

Esta mujer relató que es muy difícil que su pequeña de unos siete años aprenda a través de una pequeña pantalla de su teléfono móvil desde el que difícilmente puede interactuar en medio del bullicio de calles y los transeúntes.

Los café internet son una alternativa para seguir la educación a distancia en ciudades como El Alto, la segunda más poblada del país y con un alto índice de empleos informales, en sitios en los que un ordenador está al lado del otro y pueden generarse pequeñas aglomeraciones.

En otras regiones de Bolivia algunos sindicatos de transportistas decidieron abrir espacios con wifi gratis para que los niños vayan y estudien, así como varios restaurantes y puntos gratuitos de conectividad en algunas plazas.

El Gobierno habilitó espacios educativos por radio y televisión y dispuso una plataforma con textos, pero aun así hay deficiencias en el aprendizaje por lo que algunos padres de familia piden que sus hijos vuelvan a las aulas.

La educación en el campo

Las clases comienzan en San Pablo de Tiquina, una pequeña población en las orillas del lago Titicaca a las 8.20 de la mañana, cuando los 253 estudiantes entre los 4 a 18 años atraviesan una cámara de bioseguridad que les rocía agua con cloro.

Un acuerdo entre profesores y padres determinó el inicio de la modalidad semipresencial desde marzo para dejar el sistema a distancia pleno que había funcionado en febrero, contó a Efe el director de la Unidad Educativa, Edwin Canaza.

Para ello fue decisivo el reporte del centro de salud del pueblo, que dejó de registrar casos de la covid-19, algo que coincide con la desescalada de contagios a nivel nacional hace varias semanas.

Ahora, los profesores «pasamos (clases) horario continuo» mientras que «no tenemos los recreos habituales» para los estudiantes, contó Canaza.

El director detalló que los más pequeños de preescolar junto a los niveles de primaria van a la escuela tres días a la semana mientras que en los otros dos se desarrollan labores virtuales.

Los estudiantes de secundaria tienen clases presenciales diarias y están ordenados en aulas con no más de 20 integrantes con profesores que por temas de sanidad cumplen una «carga horaria reducida», precisó el director.

Varios padres han tomado sus cuidados, como los que esperan en las puertas del salón de la profesora Carla Apaza, quien se encarga de desinfectar las manos y zapatos a los casi dieciocho niños que llevan tapabocas y mascaras faciales, según las posibilidades de sus familias.

El lastre de medio año suspendido

La pandemia hizo que a mediados del año pasado se declarara la suspensión del año escolar, por lo que ahora se trabaja en un proceso de «nivelación» para que desde el siguiente mes se pueda comenzar con la planificación de este año.

Antonia Yujra, mamá de un niño que el año pasado cursó kínder, contó a Efe que su pequeño «no podía asimilar» los contenidos con la educación a distancia pero que ahora con las clases semipresenciales ha recuperado algunos contenidos.

Esta mujer comentó la situación de varias familias que tienen más de cinco hijos en edad escolar en el campo y que «no han podido» adaptarse a las clases telemáticas por falta de dispositivos como computadoras o teléfonos móviles y los gastos elevados del internet.

A juicio de Yujra, solo un 30 por ciento de las personas en San Pablo pudieron incorporarse a las clases a distancia en tanto que la mayoría ha tropezado con las herramientas necesarias.

Un informe del Banco Mundial estableció una tasa de deserción escolar en Bolivia del 20 por ciento, que coloca al país entre las más altas del continente por los efectos económicos de la pandemia.

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