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miércoles, mayo 25, 2022
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Depredación de las reservas naturales

Los santuarios de la naturaleza, parques nacionales y zonas declaradas como reservas fiscales y aéreas protegidas están en peligro. El Illimani y las nieves eternas de la cordillera de los Andes están derritiéndose. Los incendios de la Chiquitania, y otros bosques tropicales han afectado miles de hectáreas. Los avances hacia las reservas, y zonas protegidas, tanto por la agricultura como en la búsqueda de petróleo y la minería, son una amenaza agravada por el cambio climático que está afectando los espacios naturales del patrimonio nacional y mundial. Incendios, sequías, tormentas y otros temporales también ponen en riesgo algunos de los monumentos y espacios naturales más valiosos del mundo. Un informe de la UNESCO alerta sobre el riesgo en que se encuentra el 60% de los bosques.

Se trata del Informe Bosques del Patrimonio Mundial que afirma que estos espacios ricos en biodiversidad están amenazados por eventos relacionados con el cambio climático. Los sitios marinos están igualmente bajo peligro. Dos tercios de estas reservas vitales de carbono, que albergan el 15% de los activos mundiales de carbono azul, están experimentando actualmente un alto riesgo de degradación, según el estudio patrimonio mundial marino de los custodios de los activos de carbono azul del mundo. Si no se toman medidas, el coral puede desaparecer en los sitios del patrimonio natural a finales de siglo. En respuesta a este impacto innegable del cambio climático en los monumentos y sitios del patrimonio mundial, la UNESCO anunció que está trabajando para desarrollar las capacidades de los países y las comunidades para prepararse y recuperarse de los efectos y desastres relacionados con el cambio climático. Al mismo tiempo, quieren «aprovechar el potencial de la cultura para la acción climática, que aún permanece en gran medida sin explotar». Propone que las políticas culturales de los Estados tengan en cuenta los efectos del calentamiento global. Uno de cada tres sitios naturales y uno de cada seis sitios del patrimonio cultural, están actualmente amenazados por el cambio climático.

En el caso de Bolivia, existen grandes extensiones de bosques y áreas donde existe una enorme biodiversidad que debiera ser protegida de acuerdo a normas legales. Lamentablemente muy poco se hace en el país hacer cumplir la Constitución Política del Estado y las leyes que obligan a proteger la naturaleza y el medio ambiente. Tampoco se trabaja para enfrentar el cambio climático y peor aún, la depredación es cada vez mayor sin que las autoridades hagan algo. Solamente discursos de amor a la tierra son lanzados demagógicamente, mientras se destruye el patrimonio de todos los bolivianos. Dentro el territorio nacional existe varias categorías de zonas protegidas, entre ellas los parques nacionales como el Isiboro Secure, o el TIPNIS. También hay zonas declaradas como Monumentos Naturales, Reservas de Vida Silvestre, Santuarios Nacionales, Áreas Naturales de Manejo Integrado y Reservas Naturales.

El portal de Internet de la Academia Riquezas de Bolivia (ARB), señala que en Bolivia existen 64 Áreas Protegidas designadas como tales por diferentes leyes y decretos, de las cuales 22 tienen carácter nacional y el resto son departamentales o municipales. Se estima que más de 150 mil personas viven dentro de estas áreas de gran riqueza natural; la mayoría de éstas son comunidades indígenas de origen aimara, guaraní, quechua, chimán y de otras nacionalidades. El Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Bolivia (SNAP) se creó en 1992 a partir de la Ley de Medio Ambiente. Estas zonas protegidas tienen como objetivos centrales: a) Proteger y conservar las especies amenazadas en peligro de extinción o que son vulnerables. b) Proteger y conservar las especies endémicas. c) Proteger y conservar los hábitats y los recursos de los que depende la supervivencia de las especies.

Sin embargo, la mayoría de estos santuarios de la naturaleza son constantemente invadidos por grupos organizados en busca de tierras, por narcotraficantes, colonos y, finalmente, por gente inescrupulosa que solo busca enriquecerse a costa de estos escasos recursos, muchos de los cuales se encuentran en verdadero peligro de extinción. A esta situación se debe añadir la continua depredación y mal manejo de estos recursos, y por asentamientos humanos. La ARB considera que el uso racional de estos recursos es posible, pero debe ser supervisado y controlado por las autoridades e instituciones correspondientes.

Es de vital importancia evitar más incendios y erradicar la práctica de las quemas para habilitar tierras de cultivo y pastizales. Recordemos que el fuego que consumió parte de la Chiquitania en 2019 ha sido calificado como uno de los mayores desastres. A consecuencia del fuego, las áreas protegidas de San Matías, Otuquis, Ñembi Guasu y Tucabaca del departamento de Santa Cruz, quedaron gravemente afectadas. El fuego arrasó una importante cantidad de vida silvestre. Según la Fundación de Conservación del Bosque Chiquitano, en esta región existen más de 1.200 especies de animales, entre ellas anfibios, reptiles, aves, mamíferos y peces. Los siniestros de la Chiquitania se extendieron por más de tres millones y medio de hectáreas.

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