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La Santa Muerte mexicana se abre paso en el culto a las «ñatitas»

La fiesta de las «ñatitas», calaveras humanas llamadas así porque no tienen nariz, se celebró este miércoles con las habituales ofrendas de coronas de flores, velas, hojas de coca, cigarrillos, y una invitada que comenzó a abrirse espacio en esta festividad, la Santa Muerte de México.

El 8 de noviembre es la fecha elegida por los devotos de estas calaveras para llevarlas a los cementerios y rendirles culto en una tradición muy arraigada en ciudades como La Paz.

Las puertas del patrimonial Cementerio General de La Paz abrieron desde temprano para recibir a centenares de devotos que llevaron a sus «ñatitas» en urnas de cristal, cajas de madera, en cajones o protegidas en aguayos, los multicolores tejidos indígenas.

Las calaveras llevaban sombreros de todo tipo, incluidos los lluch’us, gafas para el sol y los infaltables algodones en las cuencas de los ojos.

Los visitantes al cementerio se aproximaban a las calaveras con coronas de flores, velas o cigarrillos como ofrenda para pedirles favores, elementos que sus dueños les entregan semanalmente sin falta para tenerlas bien cuidadas.

Las creencias

«Tiene que darle sus cositas, sus dulces, no desatender, siempre tenerle con cigarrito, su vasito de agua, tenerles con ese cuidado, tener ese fervor, ese cariño», dijo a EFE Fernando Sirpa, un hombre que llevó a sus tres calaveras al cementerio.

El mayor es «Papá John», flanqueado por el «Tío Juan» y el «Tío Marcelino», las «almitas milagrosas» que cuidan a la familia a cambio de las atenciones que les dan, aseguró.

Según Sirpa, sus «ñatitas» le hablan en sueños, le hacen saber lo que les gusta y en ocasiones le avisan cuando alguna persona le contactará para pedir favores a las calaveras.

«María» es una calavera que la señora Bertha heredó hace 40 años de su suegra, quien a su vez la recibió de su madre, por lo que se cree que tiene más de cien años.

La historia que pasó de generación en generación es que a «María» la mató su novio con un balazo en la cabeza el día de su matrimonio y el hoyo del impacto es notorio en los restos.

«‘María’ siempre ha cumplido, siempre nos ha cuidado y hasta la fecha nos sigue cuidando. Ella es como mi mamá. Yo la dejo solita en mi departamento, porque yo trabajo, y le digo ‘vas a cuidar, te quedas, estás al cuidado de la casa’ y nunca me ha pasado nada», aseguró Bertha.

Las quince «ñatitas» de Rosa Mamani viuda de Quispe no pasaron desapercibidas, pues llegaron al camposanto en una especie de mueble, cada una con su compartimento y sillón individual.

Entre las calaveras están los tres difuntos esposos de Mamani, un hijo, un compadre suyo y cuatro ñatitas que le obsequiaron el año pasado.

«Esa costumbre nosotros no podemos olvidar y siempre hay que traer a la misa, siempre recordarles. Al menos yo soy muy devota de las ‘ñatitas’, les atiendo todos los días», dijo Mamani a EFE.

La visitante de México

Junto a las «ñatitas» saltó a la vista una efigie de la Santa Muerte vestida de blanco con una leyenda que decía «Recuerdo de Michoacán».

Según Mamani, la efigie fue un obsequio que les llegó desde México en agradecimiento por un milagro atribuido a Sebastián, una de sus «ñatitas».

Y no fue la única, ya que varias personas exhibieron también cuadros, efigies o representaciones de la Santa Muerte junto a sus calaveras.

Sirpa, por ejemplo, tiene su «Santa Niña» y defendió que no hay que «satanizar sin saber el origen ni el por qué» de las cosas.

Orígenes y culto

El culto a las «ñatitas» es una práctica simbólica relacionada con la fiesta de Todos Santos, celebrada la semana pasada.

El origen de esta tradición es incierto, si bien la creencia mayoritaria es que data de la época precolombina.

También se dice que la celebración se realiza por la creencia aimara de que el «ajayu» o alma pervive en los restos humanos.

Hasta hace unos años, los devotos de las «ñatitas» solían llevarlas a la capilla del Cementerio General para que fueran bendecidas y escucharán misa, pero la Iglesia católica suspendió esto al no estar de acuerdo con el culto a las calaveras.

Al suspenderse las misas, los administradores de la capilla optaron por colocar barriles con agua bendita en las puertas para que cada quien echará bendiciones a sus calaveras.

Igualmente, algunas familias contrataron a «sacerdotes» que estaban desvinculados de la Iglesia católica para que oficiaran misas o dirigieran los rezos para las «ñatitas» dentro del mismo camposanto.

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