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jueves, septiembre 29, 2022
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Otro portazo chileno

Chile respondió a los pedidos de Bolivia para que pague algo por la utilización de las aguas del Silala, y lo que expusieron los miembros de la delegación chilena, seguramente representa un balde de agua helada sobre la espalda de sus nuevos amigos y correligionarios políticos bolivianos que veían en el nuevo gobierno de la Moneda predisposición hacia nuestro país. Tanto políticos como internacionalistas han insistido en que pareciera que las autoridades bolivianas no escarmientan al recibir reiterados portazos ni se incomodan con las actitudes de hostilidad y mala fe con la que actúan o se refieren a los problemas históricos y cotidianos que existen entre los dos países. Durante la cuarta jornada de argumentaciones ante los jueces de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, Chile afirmó categóricamente que no acepta pagar compensación alguna por el uso de las aguas del Silala.

El abogado de Chile, Alan Boyle sostuvo que «Chile es pleno de usar las aguas del Silala como le plazca, sin pago o acuerdo alguno adicional, siempre y cuando, su uso realmente sea equitativo y razonable”. Pidió a Corte que falle en consecuencia, argumentando que el Silala, en su totalidad, es un curso de agua internacional compartido por dos Estados, y que se deben respetar «las obligaciones del derecho consuetudinario de considerar las medidas necesarias para evitar perjuicios». Asimismo, afirmo que «no existe una deuda histórica de Chile por el Silala» y reiteró que Bolivia puede decidir si mantener o no la canalización. Inclusive el abogado de Chile, calificó de «desestabilizantes y peligrosos» los argumentos de Bolivia, y advirtió a la Corte que en caso de dar la razón a la posición boliviana tendría consecuencias para los estados con ríos corriente abajo en todo el mundo.

No debería extrañar a nadie la posición chilena, que históricamente ha tenido actitudes torpes hacia nuestro país. La guerra de agresión de 1879, no ha sido la única muestra de su angurria. Hay otros antecedentes, como el desvió de las aguas del rio Lauca, la negativa a ceder un acceso hacia el océano Pacífico, su resistencia a respetar el tratado por el que debería brindar a Bolivia transito libre hacia la costa, sino que inclusive ha sembrado de minas explosivas la frontera con Bolivia. ¿Son esas actitudes para «crear confianza»? Los permanentes desplantes no han servido de experiencia y regímenes sin memoria ni conocimientos históricos, por afinidades políticas, vuelven a cometer los mismos errores.

Los gobiernos del MAS han sido los que buscaron acercamientos hacia Chile por afinidades políticas coyunturales, poniendo en riesgo los intereses nacionales. Los gobiernos de ambos países, que en determinado momento tenían ideologías supuestamente socialistas, acordaron a espaldas del pueblo construir una supuesta «confianza mutua», con los resultados frustrantes que el mundo entero ha visto y que la comunidad nacional deplora. Después de la posesión del nuevo presidente chileno, una oficiosa visita de las autoridades bolivianas derivó en anuncios incoherentes. Se había anunciado que los actuales gobiernos de Bolivia y Chile pretenden restablecer relaciones diplomáticas. Parecía que se había olvidado la causa marítima, y que se decidió transgredir el mandato de la Constitución Política del Estado aprobada por el pueblo boliviano en un referendo. Luego, publicaciones de prensa dieron cuenta que se estaría encaminando un acuerdo entre los gobiernos de Bolivia y Chile para una agenda pragmática de cinco puntos para tratar temas administrativos, económicos y fronterizos. Para eso no es necesario restablecer relaciones diplomáticas, como tampoco lo es para hacer que se respeten los tratados internacionales. Felizmente, el 23 de marzo el presidente Arce reiteró la demanda de Bolivia sobre la salida al mar y condicionó cualquier posibilidad de restablecer relaciones a tratar el tema marítimo, pero de todas maneras se dejó una duda en el ambiente sobre lo que vendría a futuro.

Las experiencias sobre las actitudes chilenas hacen que los bolivianos tomemos conciencia de que con Chile es necesario actuar con mucho cuidado, pero fundamentalmente, con pasos seguros que no se vuelvan contra nosotros mismos. La unidad es esencial y cualquier desviación, anteponiendo visiones partidistas o ideológicas, debilita la posición boliviana. Es necesario actuar en consecuencia y fidelidad con los intereses nacionales. En los últimos años, en ninguna de las gestiones, negociaciones, reclamos, o en los procesos judiciales, se ha hecho referencia a las flagrantes transgresiones chilenas. Parece que se ha olvidado la agresión perpetrada por Chile y la ocupación de la extensa costa boliviana, hecho objetivo que ha sido reconocido por la comunidad internacional y la historia. La justicia no puede ser sorda y ciega indefinidamente y en algún momento Bolivia encontrará eco a su demanda, si se siguen los caminos correctos.

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