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miércoles, abril 14, 2021
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Pronosticadores del tiempo atónitos por tormenta en Sucre

Lo ocurrido en la ciudad de Sucre, cuya población vivió momentos de pánico, zozobra, incertidumbre, incredibilidad, por la tormenta de granizada y los grandes volúmenes de aguas que arrasaron con avenidas y calles y se llevaron por delante vehículos motorizados, anaqueles y kioscos de comerciantes, generando peligro de deslizamiento de varios inmuebles, es una alerta nacional para que todas las gobernaciones y municipios y el ministerio del medio ambiente adopten medidas inmediatas de prevención.

En efecto se impone la limpieza de desagües, canales, ríos -varios de estos se encuentran embovedados situados en céntricos lugares- recibiendo inmensos volúmenes de aguas servidas y pluviales que podrían generar desbordes de los ríos altos que van a zonas bajas.

Qué hacer ante los fenómenos naturales, es la interrogante que significa desesperación ante el posible peligro que podría presentarse en otras ciudades y departamentos, con una pandemia que no da tregua, empeorando la situación de los habitantes.

La lluvia es un fenómeno atmosférico de tipo hidrometeorológico que se inicia con la condensación del vapor de agua que forma gotas de agua, las cuales pasan a formar las nubes.

El 4 de enero del presente año la tormenta en Sucre generó torrenciales lluvias con granizo habiéndose registrado 4 personas muertas y más de 15 con hipotermia por las gélidas aguas, afecto a 20 inmuebles y arrastró a 10 motorizados. La precipitación pluvial duró aproximadamente una hora y media y el agua alcanzó un metro y medio de altura, lo que hasta dicha fecha no había ocurrido antes.

Lugares de gran asentamiento poblacional como la ciudad de La Paz, la ciudad de Cochabamba, o de Santa Cruz, Potosí, requieren atención prioritaria de los cerros o plataformas que podrían deslizarse o derrumbarse, por lo que ingenieros, arquitectos, de las comunas y gobernaciones deben trazar acciones de oportuna y rápida labor de las cuadrillas de trabajadores y prestos a acudir con maquinaria pesada, como tractores, camiones de alto tonelaje, para transportar materiales que puedan servir para desviar las aguas a determinadas zonas bajas para que se encausen a los ríos que confluyen en otras grandes corrientes, así como para labores de salvataje mediante helicópteros, barcazas o de patrullaje naval.

Los pavorosos incendios de grandes hectáreas de la Chiquitania, en el oriente boliviano, según entendidos en geología forestal, ha significado que los árboles talados o quemados que de alguna manera significaban contención de corrientes marítimas, se disloquen y ahora, con las lluvias, se tornen avasalladoras de zonas bajas, como el trópico de Cochabamba o de ríos que al recibir impactos submarinos generen aluviones y desemboquen en otros lugares fuera de su cauce natural, pues los ríos Mamore, Itenez, Madre de Dios, Beni, Pirai, Choqueyapu, Guadalquivir, y otros, según investigadores, han ido aumentado volúmenes de agua de manera significativa sin darse a conocer por la autoridades del medio ambiente los motivos que hubiera o existen para dicho crecimiento.

Las empresas e instituciones de pronostico del tiempo quedaron impactadas por lo ocurrido en Sucre, lo que da cuenta que los fenómenos naturales no siempre pueden ser detectados para acudir en forma inmediata a socorrer a las personas.

Lo lamentable es que, en muchos municipios del país, no se efectuaron labores de detección de precipitaciones pluviales toda vez que los alcaldes de facto -que concluyeron su periodo constitucional el año pasado- se dedicaron a realizar actividades políticas para buscar ser reelegidos, lo que ocasiono se haya descuidado tareas de contención en áreas susceptibles de situaciones anómalas en época de lluvias.

La tormenta pluvial en Sucre, debe llamar a reflexión no solo a autoridades de las gobernaciones y de las alcaldías sino al gobierno central.

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