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miércoles, mayo 22, 2024
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El lago Titicaca está sentenciado a muerte hasta 2050

Una de las peores noticias que Bolivia puede dar y recibir al cerrar el año 2023, es la sentencia de muerte del lago Titicaca, y la probable formación de una planicie seca en lo que fue el lago Poopó. El vaticinio llega en momentos en los que la malicia, la irresponsabilidad y hasta complicidad del Estado y la sociedad se manifiestan con graves consecuencias. La naturaleza está comenzando a pasar la factura por los atentados al medio ambiente, especialmente por la sobreexplotación de minerales sin previsiones ambientales; por la quema de bosques, la contaminación de los ríos, los efectos de la quema de carburantes en por las industrias y el autotransporte etc. A ello se suman los efectos del cambio climático, que están ocasionando estragos ambientales que son irreversibles en la mayoría de los casos, como el deshielo de lo que en el pasado eran las nieves eternas en las cordilleras.

Ya desde hace varios años se pide a las autoridades que hagan algo para frenar la contaminación de los ríos, lagos y acuíferos del país, que son los proveedores del agua dulce para la supervivencia de la gente, los animales, las selvas, bosques y pantanales donde se encuentran miríadas de especies silvestres. Se crearon comisiones, se hicieron acuerdos binacionales y multilaterales, pero la agresión ambiental continua, y hasta se dan incentivos a las cooperativas para la explotación de oro, mismas que utilizan mercurio y hasta arsénico, que son productos altamente contaminantes y dañinos para la salud humana.

En varias oportunidades desde las páginas de JORNADA alertamos sobre los riesgos que se ciernen sobre el lago Titicaca. Es necesario que los gobiernos de Bolivia y Perú adopten medidas urgentes para salvar este acuífero que está siendo gravemente afectado por la contaminación, el calentamiento global, la sequía y varios otros factores. Ambos países comparten muchos objetivos comunes además del ancestro, y uno de ellos es el «lago sagrado», símbolo central del desarrollo de culturas milenarias, y que se ha constituido en la carta de presentación y estandarte para el turismo y para mostrar al mundo leyendas, mitología, historia, y una riqueza cultural que ha logrado sobrevivir al tiempo y los cambios.

Pero el lago navegable más alto del planeta se está muriendo, está desapareciendo su fauna y flora como consecuencia de la contaminación generada por los pueblos aledaños, ciudades vecinas y especialmente por la industria minera que descarga sus desechos en sus aguas. En varias oportunidades, los gobiernos de ambos países han anunciado acciones conjuntas, lamentablemente lo que se hizo fue muy poco frente a una realidad lacerante, mientras la indiferencia gana entre los que prometen defender a la Pachamama, la madre tierra, la naturaleza y el ancestro.

Hace poco la Autoridad Binacional del Lago Titicaca (ALT) hizo conocer su preocupación por la sequía y la reducción del nivel de las aguas del lago. Ahora los medios de comunicación alertan sobre el inminente fin de los dos principales lagos del país. Afirman que el lago Titicaca está sentenciado a muerte en 2050 y la transformación del Poopó en una gran planicie es irreversible. El informe se basa en el trabajo de dos expertos del tema. Se trata del investigador de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Ramiro Pillco Zola, y el subdirector del Centro de Ecología y Pueblos Andinos, Limberth Sánchez.

Ambos coinciden en que las principales causas para la pérdida de los acuíferos son la deforestación, el uso intensivo del agua por la actividad minera y la contaminación. Además de los efectos del cambio climático que se sienten cada vez en episodios prolongados de sequía y temperaturas extremas. A la fecha, no hay soluciones reales en vista para frenar el destino del Titicaca o para resucitar al Poopó, señalaron los expertos. Pillco mencionó la deforestación como una de las principales causas de la depresión de los lagos no sólo en las cuencas, sino en todas las áreas boscosas, como la Amazonía, ya que incide en todo el sistema hídrico del país. Recordó que el clima de la región andina está profundamente unido con el de la Amazonía porque en sus selvas cálidas se genera humedad que es empujada hacia los Andes por los vientos provenientes del océano Atlántico.

La creciente deforestación en la Amazonía provoca menor humedad, lo que, a su vez, ocasiona que menos humedad llegue a los Andes, donde se formaban lluvias al chocar con las masas de aire frío. A esto, se suma el derretimiento de los glaciares, en los últimos años, como consecuencia del cambio climático y la pérdida de sus aguas, debido al desvío continuo de agua para la minería y la agricultura. Pillco recordó que, en el caso del lago Poopó, que entre 2008 a 2012, se reportó una enorme deforestación de plantas nativas, como la tola y la paja brava. «Esa cobertura fue retirada con tractores, unas 40.000 hectáreas destinadas a sembrar quinua». Como consecuencia, se dejó la tierra desértica. Se cometió una enorme torpeza porque se anuló una condición física atmosférica y eso es grave», lamentó Pillco.

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