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La feria de los deseos en miniatura se hace más pequeña con niños vendedores

La Alasita, la patrimonial feria de los deseos en miniatura, se hizo más pequeña este miércoles con la presencia de cerca de un centenar de niños que asumieron el rol de vendedores de artesanías y comida en un evento que busca conservar el legado y la tradición de esta festividad andina.

La ‘Ch’iti Feria de la Alasita’ se instaló en el callejón principal de la feria mayor, en el Parque Urbano Central de La Paz, por iniciativa de la Secretaría Municipal de Culturas y Turismo y la Federación Nacional de Artesanos y Expositores de la Feria Navidad y Alasita (Fenaena).

Ch’iti en aimara significa pequeño y en algunos lugares es una forma coloquial de referirse a los niños, mientras que Alasita quiere decir cómprame.

«El objetivo de esta Ch’iti Feria es ese paso de la memoria a nuestros hijos, continuar con ese legado, con esa historia artesanal que tenemos dentro de la feria de Alasita», dijo a EFE la secretaria ejecutiva de Fenaena, Judith Mancilla.

La dirigente explicó que muchos de los niños participantes en la iniciativa pertenecen a una «quinta, sexta o séptima generación de artesanos miniaturistas y expositores de la Alasita» y lo que se busca es «esa continuidad con los niños para que esta feria patrimonial perdure».

Al inaugurar el evento, el secretario municipal de Culturas y Turismo, Rodney Miranda, destacó que la Ch’iti Feria es parte de las acciones de «revalorización de las tradiciones» paceñas.

Miranda destacó que los artesanos transmiten sus conocimientos de generación en generación para preservar la cultura e instó a los padres de familia a visitar la feria para «mantener viva» la tradición.

La Alasita es una de las tradiciones más antiguas de la cultura andina, cuando los paceños bendicen al mediodía del 24 de enero las miniaturas que representan sus aspiraciones y deseos, y fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2017.

Los ‘ch’iti’ expositores

Las edades de los ‘ch’iti’ vendedores van entre los 6 a 11 años, y todos estaban acompañados por algún familiar adulto.

Todos los sectores que tradicionalmente participan en la feria grande estuvieron representados en la ‘ch’iti’ exposición, con puestos de venta de plantas ornamentales, alcancías de yeso, muebles y billetes, todo en miniatura, además de la gastronomía callejera paceña también en chiquito.

Algunos menores llevaban los tradicionales mandiles y gorros que visten los expositores del sector de comidas y ofrecieron las delicias que se venden en la feria mayor.

Fue el caso de la entusiasta Rafaela Arce, de 9 años, quien junto a su hermana Carla ofrecía unos ‘choclesos’, porciones de maíz blanco cocido con queso frito o fresco y algunas salsas de acompañamiento a gusto del cliente.

«Es muy divertida la Alasita, les invito a que vengan a visitar a mi papá, aquí está vendiendo ‘choclesos'», dijo a EFE Rafaela, quien participa por segunda vez en la Ch’iti Feria.

También estaba Jazmín Ponce, de 9 años, quien optó por llevar la vestimenta tradicional de las cholitas, las aimaras paceñas, con las polleras, manta, blusa, sombrero y el cabello recogido en dos trenzas.

Jazmín dijo a EFE que es «muy bonita experiencia» el estar en la feria, donde ofreció los famosos ‘sándwiches de chola’ que se preparan con trozos de carne de cerdo, escabeche y ají.

Dubreyka Callisaya, 15 años, estaba junto a su hermano de 10 en un puesto de venta de anticuchos, unas brochetas con trozos de corazón de res asadas en pequeñas parrillas y servidas con patatas calientes y una ‘llajua’ o salsa picante de maní.

La adolescente confesó a EFE que «aunque sea todo chiquito, es un poco difícil» estar en la ‘Ch’iti Feria’, «pero es una muy bonita experiencia, más que todo por las sonrisas de la gente al ver el trabajo y la creatividad que hemos tenido».

No faltaron los vendedores de refrescos de frutas hervidas, mini helados de cono y el tradicional api, una bebida caliente y espesa hecha de maíz morado que se sirve con empanadas de queso fritas o buñuelos, unos discos de masa frita.

«Casero, caserita, le voy a hacer precio, anímese», decía otra pequeña que tenía un puesto de ‘suerte sin blanca’, un juego de azar con premios numerados.

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