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viernes, mayo 17, 2024
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¿La madre de las batallas políticas?

Bolivia es un país que late al ritmo de la política, pero no por ideologías o principios, sino por la ambición de poder de algunos que llegan a considerarse líderes, y por la necesidad de otros que buscan privilegios, negocios o simplemente un puesto de trabajo. Aunque la militancia activa de los partidos es muy limitada, se acrecienta al influjo de la cooptación y la prebenda. Pero aun así, los partidos son la base del ejercicio de la democracia y de la institucionalidad, aunque al mismo tiempo, en algunos casos, son los responsables de la destrucción de las principales instituciones del país, como está ocurriendo en la coyuntura actual. Recordemos que se han dado situaciones históricas en las que las fuerzas políticas, por sus rivalidades, odio, ambiciones y hasta compromisos, han llevado al país a enfrentamientos fratricidas.

La situación crítica actual se nutre precisamente de factores de alto riesgo que pueden llevar al país a un escenario indeseable. Ya sea por irresponsabilidad, precipitación, figuración o una actitud malintencionada, se lanzan exabruptos incendiarios. Se lanzan amenazas destinadas a convulsionar al país, se atacan a los aliados del pasado que hoy los consideran enemigos. Inclusive, ante la amenaza de convulsionar el país desde el sector del Chapare, el presidente Arce afirmó que el pueblo responderá a los «nuevos golpistas» que tratan de desestabilizar el gobierno. Hubo otras expresiones, como «Vamos defender vivo o muerto (al MAS). Si es que tiene que correr sangre en las carreteras, lo vamos a hacer», advirtió el jiliri apu mallku del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), Ramiro Cucho.

Ahora, nada menos que el vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Tahuichi Tahuichi Quispe, de acuerdo a publicaciones de prensa, dijo «Las bolivianas y los bolivianos estamos enfrentando la madre de las batallas políticas…» El vocal advirtió que sobre el TSE hay una «presión política de todos lados», mediante mecanismos de judicialización. Mencionó que, por una decisión de Sala Constitucional de La Paz, el TSE tuvo que conminar al MAS a realizar su congreso partidario en el plazo de 25 días. A su vez, el ala «arcista» tramitó en la Sala Constitucional I de La Paz, acciones para que conmine a la Directiva del MAS a realizar otro congreso, tomando en cuenta la anulación del que se realizó en Lauca Ñ el año pasado. El vocal Tahuichi propuso que, para preservar la paz social hasta el próximo año, se debería suprimir las elecciones primarias cerradas, para ir directo a las elecciones generales.

Ya sea por iniciativa propia o en el contexto de lo que dijo Tahuichi, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) instó a los partidos políticos a que tenga la capacidad de dialogar y dar cumplimiento a lo que establecen sus estatutos para cumplir lo que establece la normativa para la renovación de directivas. El vicepresidente del TSE, Francisco Vargas, señaló: «Instamos, exhortamos y lo hemos hecho de manera permanente, que las organizaciones políticas tengan la capacidad de dialogar, consensuar y dar cumplimiento a sus estatutos y, ante todo, demostrar a la sociedad civil que son verdaderamente democráticas». En cuanto a la posibilidad de que se crucen dos convocatorias separadas de «evistas» y «arcistas», Vargas explicó que la Sala Plena del TSE «se pronuncia a través de sus resoluciones, esas resoluciones son publicadas, están fundamentadas y son también documentos jurídicos».

Además de la crisis económica, la desaparición de los dólares, los soponcios que generan los escándalos de corrupción, del narcotráfico y de la justicia, ahora ya el gobierno mantiene una pugna interna entre los miembros del mecanismo partidista que hizo posible el sustento político para la actual administración. La lucha sin cuartel que se ha declarado entre las fuerzas del oficialismo, apela a la guerra sucia para embarrar a sus propios líderes que se encuentran enfrentados abiertamente. La pugna entre partidarios de Evo Morales contra los seguidores de Luis Arce, ha tomado rumbos que difícilmente se hubiesen imaginado cuando con el MAS, unido, ganó las elecciones de 2020 y llevaron al poder a Luis Arce Catacora. Ahora, esa fuerza se ha dividido al calor de las ambiciones de poder de sus caudillos, y afloraron las ingratitudes entre partidarios, deslealtades, traiciones, venganzas, y acusaciones mutuas, entre muchas otras ofensas y sindicaciones de toda índole. Extrañamente, los «masistas» decían hace poco que están unidos y que la división solamente estaba en la imaginación y deseos de la oposición, a la que acusan de todos los males que sufre el gobierno.

Lo cierto es que hay una situación demasiado vidriosa que debería ser resuelta internamente por el partido en crisis, pero la pugna abierta afecta al andamiaje de la administración pública, a la situación política, a la gobernanza, a la economía y a la paz social, y se convierte en un asunto que afecta al país, porque, además, se utilizan recursos del Estado en esta confrontación.

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