Proceso inflacionario y multimillonario gasto electoral

Dr. DAEN. Waldo Torres Armas

Bolivia registra cinco años de creciente déficit comercial y un déficit fiscal gemelo acumulado que alcanza al 41.2 % del PBI.

El tipo de cambio fijo, pero que en términos reales está apreciado, induce a las importaciones legales e ilegales y causa inflación barata; perjudica a la industria nacional y a las exportaciones, especialmente aquellas no tradicionales.

El régimen ha gastado 6.000 millones de dólares de las Reservas Internacionales para hacer frente a la demanda interna, sobre todo gasto corriente, inversión pública y «prestamos» a empresas públicas la mayoría deficitarias, cuyos créditos terminaran incobrables. Estos gastos son incompatibles con el aumento de la productividad y competitividad, o para impulsar la diversificación de la producción de las empresas, como factores vinculados a una política industrial. Solo un régimen autócrata sostiene crecimiento con deuda y derroche de las reservas internacionales, las que la redujeron a 8.000 millones de dólares.

La mayoría del empleo en Bolivia es informal, alcanza al 80 %, es precario y de muy baja calidad. Las estadísticas internacionales señalan que 1.8 millones de bolivianos viven en la pobreza extrema y que 6.5 millones viven aún en situación de pobreza.

Nuestras fuentes de ingresos se reducen y carecen de proyección por la imprevisión del régimen. La producción de gas cayó un 7% en 2018 y un 25% este 2019. Brasil, compra solo el 50% del gas y Argentina tiene graves complicaciones en su economía. Sin embargo, la contradicción es patética: Mientras se reduce ingreso, aumentan los gastos, especialmente los electorales. En lugar de priorizar las inversiones, el Régimen apostó por un sistema de gasto público expansivo que ha permitido un crecimiento económico sostenido, pero no un desarrollo paralelo. No tuvo la previsión de constituir un fondo de estabilización para disponer de los recursos necesarios en épocas de ingresos bajos, como la actual.

¿Cómo financia el déficit? Contrató deuda externa entre 2007 al 2018 con un crecimiento del 300%. Se prestó dinero de las AFP, colocó bonos soberanos y emitió dinero inorgánico a granel.

La perspectiva es sombría. El régimen es incapaz de interpretar la realidad económica, los síntomas de desaceleración son tan evidentes como preocupantes ¿Merece premiarle con su reelección? Esta radiografía de la situación económica debiera ser tema de propuesta electoral porque cualquiera sea el signo del próximo gobierno, deberá reducir los subsidios, las subvenciones, la diferencia cambiaria y los despilfarros; equilibrar y consolidar las cuentas fiscales y hacerlas sostenibles; atraer inversión privada nacional y extranjera que son las que crean empleo, e incentivar el turismo.

Sólo un pacto entre fuerzas políticas tendría apoyos suficientes para encarar una agenda económica reformista, articulada y consensuada, en torno a algunos acuerdos básicos de Estado.