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lunes, diciembre 4, 2023
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Trabajo, eficiencia y excelencia

El país ha efectuado una prolongada pausa al cotidiano ajetreo, permitiendo a la gente descansar, viajar o divertirse, y probablemente, en muchos casos, para recuperar energías y volver desde hoy al trabajo, al esfuerzo diario por producir, estudiar, generar oportunidades y hasta a desarrollar actividades políticas, aunque para la mayoría esa no sea, precisamente, una actividad positiva y digna de ser un paradigma, como lo son la investigación, la inventiva, la iniciativa privada, y el esfuerzo para salir adelante pese a las vicisitudes de la realidad nacional.

Se fueron más de dos meses de 2019 entre las fiestas de año nuevo, el feriado del Estado Plurinacional, la feria de Alasita, los carnavales y varios otros festejos, y ahora debe ser el momento de reflexionar y retomar impulsos destinados a enfrentar la realidad y repensar la necesidad de la moderación. Los 41 muertos en los últimos feriados, los accidentes de tráfico, crímenes e intoxicaciones deben ser otra señal que sirva para la experiencia de la que se deberían sacar conclusiones y enseñanzas sobre la prudencia y la responsabilidad. Las personas prudentes muestran una previsora preocupación por las consecuencias de sus acciones y decisiones, resistiendo los impulsos y tentaciones de logros fáciles o de las satisfacciones inmediatas.

Esto no quiere decir que se deba renegar de las tradiciones y del rico ancestro. Es el equilibrio la base para alcanzar objetivos. Para nadie es un secreto que hay fiestas folklóricas en honor de cada uno de los centenares de santos que la Iglesia Católica cimentó en las costumbres de los feligreses, que gustosos y entusiasmados, los adoptaron como patronos que merecen ser agasajados con música, bailes, licor y pleitesía; con la entrega de ofrendas y reverencias pidiendo hasta milagros, o agradeciendo por los favores recibidos. Es parte del folklore nacional que cultiva estas tradiciones con esperanza y en muchos casos con una fe ciega.
El folklore es riquísimo en Bolivia. Su variedad nace de la multicultural sociedad y del sincretismo entre las culturas autóctonas, el legado de la época de la colonia, y la mezcla y germinación de nuevas formas de vida. En nuestro país, la indudable mayoría nacional surge del sincretismo y la mezcla de orígenes de gente de diversa procedencia, cuya esencia se ha traducido en el reconocimiento constitucional como un país plurinacional. Las fuertes raíces impusieron un modo de vida, costumbres y gustos, adoptando formas de las culturas sobrepuestas y acomodándolas a su forma de ser.

Lejos de desparecer, el ancestro se hizo carne y se manifestó logrando un sincretismo ecléctico que dio lugar a lo que hoy es el mestizaje nacional como realidad y categoría social, económica y antropológica. El mestizaje ha sido la esencia de la República y el motor de la transformación. Es el concepto articulador de la identidad de la Nación boliviana. El folklore está en la esencia de la nacionalidad, pero también debería anteponerse el reconocimiento implícito de que todo debe ir en su lugar, y el orgullo por los valores culturales no debe hacer perder la perspectiva de la trascendencia de la actualidad, de la necesidad de generar energías inventivas, de aprovechar la modernidad, la eficiencia, las nuevas tecnologías y la necesidad de acomodarse a los tiempos actuales en los que la excelencia es un requisito indispensable para concursar con posibilidades en un mundo cada vez más competitivo.

Bolivia necesita trabajar mucho, recuperar el tiempo perdido y enfocar el futuro aprovechando de la mejor manera los recursos naturales y la diversidad que envuelve a la sociedad boliviana. Es necesario comprender que nuestro país tiene más feriados que otros, además de que los paros, huelgas, bloqueos y otras circunstancias frenan las actividades. Las fiestas cívicas, sociales, festividades tradicionales y el folclore ocupan un campo excesivo.

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